Violencia en la Pareja

Hoy en día somos testigos de un sinnúmero de actos violentos en una relación de pareja, no importa si son novios, amigos con derechos, andan de free, esposos o amantes.

Las faltas de respeto, insultos, humillaciones, golpes e infidelidades son el eje rector en la relación, los protagonistas creen fielmente que así fueron, son y serán todas las relaciones, pues de ejemplo tienen a sus padres, parientes y amigos, que no tiene caso que en el noviazgo te traten como a una princesa o príncipe y que después te den “vida de perro”, que es mejor mostrarse tal cual se es desde el principio, y así, bajo este principio establecen sus relaciones como en la barbarie, imperando la ley del más fuerte, llevando su relación a una escalada simétrica “me haces y te hago”, “me la debes y me la pagas”. “El que ríe al último ríe mejor”, “la venganza es dulce como la miel”.

Violencia en la Pareja

No olvidemos que el noviazgo es la etapa de encuentro, de encanto, ambos se dan lo mejor de si, porque el enamoramiento adormece las pulsiones agresivas, permitiendo que cada uno actúe su mejor papel. Y si con las pulsiones agresivas anestesiadas se comporta así, ¿qué será cuando estas se manifiesten en todo su esplendor? Si este es su mejor papel, ¿Cómo será el peor? Si en el encanto es así, ¿Cómo será en el desencanto? Amar a la pareja es proyectar el amor que siento por mi en el otro, y si esta relación esta plagada de situaciones que me hacen sentir incomodidad, molestia, enojo, agresividad, tristeza, ¡Qué manera de quererme! ¡Qué clase de amor siento por mí!

Hay parejas que tiene sus episodios de encanto, armonía, paz y tranquilidad, cuando se dan los brotes de violencia evocan los buenos momentos para darse ánimo, esperanza, fortaleza y refugiarse en la fantasía de sí hay amor, que malos momentos los tenemos todos y justifican con melancolía el comportamiento del agresor “lo que pasa es que yo lo hice enojar”, “se enojo por mi culpa”, “dije algo que no debí”, “por qué soy tan imprudente”, “tan bien que estábamos, y la regué”, “debí habérselo dicho”, “se salió de control, pero no es así”, “de verdad que es un buen hombre”, “no sé que le pasó, pero es una mujer maravillosa”,

Hay quienes defienden acaloradamente al transgresor culpándose de todo y hasta de rodillas le imploran perdón. Cuando llegan a descubrir una infidelidad la justifican, la entienden, la comprenden y llegan a defender que el infiel es una buen(a) esposo(a), es un buen padre (buena madre), lo que pasa es que el otro u otra es una buscona “se le metió por los ojos y “a quien le dan pan que llore” así que todos tienen la culpa menos él o ella, incluso este tipo de crisis la usan para acercarse más a la pareja y es un eslabón más en la cadena de violencia.

El maltrato

El maltratoMuchas veces el maltrato queda entre los integrantes de la pareja, usualmente la víctima sufre en silencio porque cree que “quien te ama te hará sufrir”, por su baja autoestima, porque siente que es lo único que tiene y no concibe la vida sin él o ella, por culpa, por miedo, por codependencia.

Hay ocasiones que la violencia sale del radio de la pareja y afecta a los amigos, familiares e hijos, quienes sufren al ser espectadores y muchas veces son también golpeados, están constantemente asustados y tensos, a la expectativa de un nuevo episodio de violencia ya sea psicológica, física, sexual o económica.

Hay parejas creen que porque su hijo es un bebé no se da cuenta de nada, que equivocadas están, el bebé “olfatea el ambiente” “percibe” los conflictos, los gritos, el llanto, los golpes, en su aparato mental, que está en plena construcción, se empiezan a “escribir experiencias” terribles y grotescas, que influirán de manera determinante en su comportamiento y ánimo, el daño psicológico es inimaginable y difícil de reparar.

Una relación de pareja es para procurarse amor mutuo, respeto, protección, incondicionalidad, ayuda, cuidado, fidelidad, complicidad. El no tenerlo provoca inseguridad, desconfianza, desprotección, desolación, frustración y genera resentimientos, amargura, depresión, mucho enojo, mucho odio y hasta deseos de muerte hacia la pareja.

Ciclo de la violencia

Involucra a ambos y los hace pensar y creer que todo puede cambiar favorablemente en cualquier momento y su vida será miel sobre hojuelas, aunque esto no suceda nunca. “Después de la tempestad viene la calma” es decir después de un episodio violento viene la reconciliación cargada de perdones, promesas, pasión y palabras amorosas.

Esto puede durar horas, días, meses, lo cierto es que comenzaran los desacuerdos, discusiones, enfrentamientos, celos, peleas. La tensión entre ambos se incrementa considerablemente, cualquier cosa es mal interpretada por el otro, poco a poco las peleas y roces aumentan de volumen hasta que la tensión es tan insoportable que surge el episodio violento y se producen las grandes agresiones.

Viene nuevamente la calma, pero el enojo y la tensión sigue (aún cuando de palabra se hayan perdonado todo), en ambos y se va acumulando ya sea consciente o inconscientemente. Aún así viene la “Luna de miel”, la pedidera de perdones y disculpas, las promesas de cambio y otra vez a creer que será diferente, probablemente se llevan mejor, pero lentamente tenderán a relacionarse como están acostumbrados, continuarán los roces, las peleas, el enojo y la tensión se incrementaran, hasta llegar una vez más a la violencia y otra luna de miel, y así sucesivamente.

En este ciclo de violencia lo que mantiene a ambos en la relación son los episodios de “Luna de miel”, Pero lamentablemente a través del tiempo las reconciliaciones tienden a durar menos y a desaparecer, y los episodios de maltrato a ser más frecuentes, graves y hasta peligrosos.

 

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